4/24/2008

El banco de la amistad

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4/06/2008

Sé lo que volveré a hacer...

Seis y media de la mañana, no me iba a dar tiempo a llegar a la estación. Los taxis no contestaban al teléfono y tampoco aparecían por las calles. A esa hora la ciudad parecía un lugar fantasma en el que sólo habitaban los basureros y una chica que llegaba tarde, además, el aire fresco matutino unido al sofoco me sacaba los típicos colores que odio en mi cara: pálida a la altura de los ojos, roja en los carrillos. Mis piernas actuaban mecánicamente mientras me acordaba de todos familiares de aquellos conductores, creadores de aquella escena que me sucedía camino de la estación.
Sí, empecé el día cabreada.

Al lado del autobús me esperaban Mery y Toño, fue en ese momento cuando me acordé dónde iba... y todo se me pasó.

Hasta los colores.

Desayuné mi zumo de naranja dentro del autobús, comentamos durante un momento cómo iría la jugada y después saqué los cascos dispuesta a dormirme con cualquier canción del nuevo disco de Calamaro.

Durante el viaje, cada vez que abría los ojos tenía delante de mis narices a“El corsario negro”, una película desconocida para mí (y me imagino que para muchos) hasta ese momento y que, por cierto, debería estar prohibida dentro del listado de DVDs de Auto-res, aunque funcionaba como verdadero somnífero.

Llegamos a Madrid, el autobús tenía que ir hasta la estación Sur y durante el trayecto suena el teléfono de Mery:
- Chicos, tenéis entrevista.

A mí se me había olvidado la grabadora después de que el día anterior hubiese perdido toda esperanza de poder entrevistar a Ángel Martín, pero sí, María Tri lo había conseguido. No teníamos nada de información en nuestras manos, ni Internet, ni portátiles. Sólo una libreta, un boli y un teléfono móvil.

Mientras esperábamos a Tere y Eva, que venían desde Salamanca, nos pusimos manos a la obra en la cafetería de la estación y entre las llamadas a redacción, “sí sí, esta pregunta está bien”, “Ángel ha hecho esto, esto y esto” y “Chicos, lo que se os ocurra”, escribimos exactamente eso, lo que se nos ocurrió.

Cuando ya estábamos todos, nos pusimos en marcha dirección Las Tablas, trayecto que duró más de lo esperado y que nos hizo llegar tarde, pero... tarde al aparecer allí… y tarde al encontrar el lugar. Caminamos en dirección contraria, preguntamos, dimos rodeos, corrimos durante tres cuartos de hora, nos perdimos de nuevo, Milagros nos guiaba, Eva se caía, Vodafone, Telecinco y… sí, por fin. "Ahí está la productora del árbol"
- Pero bueno, ¿qué rodeo habéis dado? El metro está calle abajo. Tranquilos, aún hay que esperar.
Bien, acabábamos de gastar fuerzas, tiempo y energía física. Pero no ilusión. Luego nos dimos cuenta de que, con el tiempo que esperamos allí dentro, podíamos haber dado ese rodeo andando durante dos horas más. Pero nos quedamos, contamos nuestro objetivo a Milagros y comimos los bocatas que con mucho gusto nos sacó a los invitados.

Conocimos a un tipo muy peculiar, tenía los mismos rasgos que el profesor de física de mi colegio, pero daba mala espina. Con cerca de cuarenta años se acopló a nosotros con la intención de poder ver a su musa Patricia si nosotros conseguíamos hablar con Ángel. Miedo y risas con aquel hombre.
También conocimos a las viejicas que nos habían dicho Sole y Sara. Las que van todos los días y se ríen escandalosamente en el programa. Vimos a la hija de Lolita, a los pequeños extras de El Internado con su uniforme, a… ¿los posibles chicos de la cueva?

Ana Tri me llamó desde Salamanca.
- Lucía, lo siento, Ángel sabía que ibais a ir pero los de producción no, por eso no lo han avisado de que estáis ahí, va a empezar el programa y después ya no puede porque tiene que ir al teatro. Lo siento. El lunes le hacéis la entrevista por correo electrónico .

Mi sonrisa se borró en ese momento, me acerqué a darles la noticia a los demás y, antes de decirles nada, Toño estaba pálido. Había pasado Pilar Rubio y él no había reaccionado para decirle algo.

Estábamos un poco decepcionados, pero fue entrar al plató y todo cambió.
Me encantó la tranquilidad de quienes trabajaban allí, la simpatía de Gonzalo el regidor, el público tan acogedor, Milagros dándonos agua…
Hay tantas anécdotas durante el programa que no sabría ponerlo aquí.

Puede que haya cosas que se me vayan olvidando poco a poco en mi memoria, pero una de ellas estoy segura de que no:
- Chicos ¿Puede bajar alguien de vosotros un momento?

Allí fui con nuestra salvadora de la agencia a conseguir intentar hablar con Ángel durante el momento en que salía en directo la entrevista de Pilar. Amablemente, Ángel me comentó acerca del tiempo del que disponía y rápidamente avisé a los demás para poder entrevistarle cuanto antes.

Ángel es una gran persona. Se considera serio y puede que en su trabajo lo sea, pero con los demás yo no lo creo. Desde mi punto de vista pude comprobar que su labia y su facilidad de palabra no eran los únicos motivos por los que había llegado hasta ahí. Él me pareció inteligente, una persona sencilla y con la que se puede hablar. A diferencia de quienes dicen que es un cabrón, yo para nada me llevé esa impresión. Su saludo, su forma de contarnos las cosas y su colegueo me hacen pensar que este chico va a llegar mucho más lejos. Lo sé.

A mitad de la entrevista sonaron unos tacones alejándose por el pasillo y Toño de pronto salió corriendo de la sala donde estábamos con Ángel. Tere fue detrás. ¿Quién sería?
Por lo que me contó Tere, Toño iba por el pasillo cual pantera corriendo en busca de una foto con aquella mujer. Pilar. Y afortunadamente la consiguió.
Durante el resto del día, cualquiera puede imaginarse como estaba nuestro querido amigo.
- No te culpo, no te culpo. Le dijo Ángel entre risas.

Lo habíamos conseguido, pero aún seguía el programa. Volvimos a nuestros puestos y terminamos de verlo, eso sí, mucho más eufóricos si cabe.
Le tocaba el turno a Dani Mateo y Tere no podía creerse que estuviese tan cerca… era… su chico.
La grabación de Ángel en el croma fue divertida. Se metieron con los pantalones de Dani y alguien entre el público realizó comentarios algo subidos de tono.


La verdad es que salimos de allí conociendo a una señora de la Zamora sanabresa de marido leonés, haciendo mil llamadas, sin creernos nada y perdiendo chaquetas por la calle.
María Tri no se lo creía, pero lo habíamos conseguido.
Paramos en el centro de Madrid, Sol, mimos, Gran Vía, músicos de un Jazz genial, musicales, café (con vainilla, avellana o caramelo)…
Y como no… Vips: krusty mediterráneo, quesadilla y hamburguesa con patatas. Todo delicioso. Todo el día fue delicioso.

La despedida en la estación me produjo un nudo en la garganta. Me negaba a ir. Volvimos recordando e intentando dormir, pero casi fue imposible.
Sólo puedo dar gracias, gracias a todas las personas que estuvieron presentes ese día (incluso el taxista que nunca llegó) porque mi cumpleaños en 2008 fue el 4 de abril, no me equivoqué. Como tampoco me equivoqué de carrera.